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Por Leomas
No bastó llegar a la vereda. Allí sobre el camino estaba una mula cargada de leña. Habían pedazos de rosas regadas en la carretera. Miramos el silencio de los arbustos mientras alcanzámos la puerta del campero que nos transportaba de nuevo a la calzada principal de San Carlos.
No éramos de allí. Se quedaron los besos en aquella madrugada. San Carlos lucia hermoso como un paraiso. Tuvimos miedo del sol que en horas saltaba por la ventana. Hubo teatro actuado por jóvenes adolescentes en ese atardecer. Nosotros en forma natural construímos como forasteros un drama anhelado.
Llegó una profesora con sencillez exquisita y nos invitó a la cena. Ella fue diosa que debe volver. Hoy espero estar de nuevo en su campo. Ayer fue como relámpago el paso y desde allí salimos a la Marinilla que nos hizo regresar. Volvimos de nuevo.
Un caballo salvaje y tosco, saltó por encima de la cerca y nos lanzó como tejo boyacense por los aires. El alcalde salió de su oficina y nos entregó un recuerdo de la comarca. Hoy hay frío en el alma.
El calor lo buscaré en la pradera desconocida. Dioses extraños nos ayudaron a sembrar señorío en ese verano. No hemos vuelto a preguntarnos desde entonces por la ausencia. El sol se apagó en ese Agosto y aún hay energía de encanto que acompaña el frío de los últimos inviernos.
Quisiera correr y devolver el tiempo. No estamos allá es cierto. Los lirios silvestres aún están impregnados como retazos en los bolsillos de mi vieja chaqueta. Hay risas nuevas al envejecer. Los claveles que fueron cortados con manos mágicas, hoy los he acariciado como lluvia para sentir tu aceite.
El tiempo pasa. Hay tejidos de nacar en nuestras memorias. No sabemos que pasó en estos años. La distancia nos cortó la comunicación. Te estoy llamando para que respondas a mis sueños. Hay encanto de nuevo. Fue tan poco el tiempo que no hubo espacio para las tristezas.
Hoy reímos y esperamos encontrar de nuevo los rosales que tegieron el aroma de la cima. Estamos sin muros enamorados. Recordamos sin saber las andanzas. Algunas escribieron poemas. Hoy quisíeramos volver a protagonizar el encuentro en sus calles.
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Por Leomas
Hace varios años que aunque he querido olvidar mi hermosa estancia, estuve presente en San Carlos. Alli en el silencio de la noche, tejí aromas de terciopelos, sobre un balcón de la plaza principal.
El amanecer estuvo exquisito y nadie durmió esas noches. Salimos corriendo de su paisaje, para no quedarnos para siempre en sus calles. Un calor soñado se repite a veces en la distancia y hay fragancia en lo desconocido.
Quisiera volver pero tengo miedo de quedarme. Quisiera regresar el tiempo pero me azotan los años y un comienzo de envejecer. El olor a hierba fresca y el nectar de las rosas en los caminos, me hace tropezar con los caballos y con la danza de mis recuerdos.
¿Aún están las piedras sobre la carretera? ¿Sonrie la gente en las madrugadas? ¿y que debo hacer para volar a su aire? y ¿cómo realizo mis poesías si el pueblo está ausente?.
Hay musas en las primeras horas del día y una melodía salvaje me trae la nota refrescante en la sencillez de su gente. Hoy te recuerdo San Carlos y ahora ha regresado aquel atardecer.
Todavía el agua de la lluvia, refresca mi cansancio y el rocio de aquella sombra, frena el salir huyendo. Tu fotografía hoy está mas viva que el ayer en mi corazón.
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