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La hermosa y bella Pontezuela
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Por Leomas
Entre el crepúsculo cielo de una montaña y muchos pinos, nació con diamantes y azucenas, una flor que perfuma el valle y la pradera, cosechando paz y vida entera. Manojos de flores silvestres y arboles frutales, hacen gala de encanto y sol que vuela, a una hermosa mansión que su nombre es Pontezuela. Sólo entre verdes prados llegó al mundo como vereda, esta bella región que es doncella y en donde el mar no pudo tocar su señorío.
Cabalgatas pisotearon sus caminos y quisieron destruir la risa entera. Una mujer con fina espada y transparente escudo, detuvo con su pudor y santo lino, las entradas de una mafia que quiso comprar hasta lo divino. Rosas frescas adornan a los nativos. Algunos se asustaron y abandonaron el caserío. Ellos no fueron cobardes y no han corrido, es sólo que la muerte no se debe esperar en el olvido.
Los verdes apoyaron las casonas y sobre los mismos caminos, el mármol que allí era desconocido, llego a sembrar un nuevo estilo y falso sueño. Los jóvenes se apostaron como jinetes sobre caballos incógnitos y sombríos. La luna se apartó por varios meses y llegó la oscuridad sobre el manso colorido.
Varias damas cambiaron de apellidos y muchos caballeros desprevenidos, quisieron montar nuevas historias y hablaron de leyendas que jamás habían vivido. Diplomas de papel y pergamino, reemplazaron las violetas y las dalias. Suntuosos carros de materiales que brillaban, lesionaron las hortensias y los lirios.
Los campesinos oriundos de la zona, no aguantaron el ruido de las armas. El brillo del metal lanzó propuestas y un metro que era a precio de frijól, cambio de nombre y subió hasta el alcohol. Los pobres sufrieron los nuevos cambios y el trabajo se perdió como aguacero.
La dama no hizo caso a los extraños y no aceptó vender su hermoso predio. Luces de vengala y mariposas, rodearon la decisión con valentía. ¿Donde están sus vecinos? se preguntaban. El ocaso dirá a donde han ido. Empresas de flores llegaron con raros aromas y reemplazaron el perfume con químicos. Pájaros y animales silvestres murieron por el efecto en el vacío.
Ella quien cuida de la historia, esta allá ahora sin sus pinos. Hay un nuevo sol y nuevas miradas. El viento del ocaso está aliado como su buen vecino y hasta el amigo de risas e historietas, salió de allí a recorrer otros caminos. Ella sigue intacta innovando y viviendo con manjares muy sencillos.
La vida no es tan cruel exclama ella con mucho tino. Su risa y sus sueños han llegado lejos de su terruño y todos como magia y en ollas de barro o en cazuela, quieren ahora llegar a Pontezuela. Ya no es la misma dice el peregrino. Ella niega los cambios y ríe sin pensar en el idilio.
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