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FRIO EN LA MADRUGADA
Por Leomas

El día estuvo contrariado por la lluvia. Demasiado trabajo y muchas horas de viaje. Quisimos regresar pero hubo algo extraño en la carretera. Nos obligó a cambiar la ruta trazada la melancolía de la noche. Recuerdas que no tuvimos la culpa. Todo llegó como chispa de rayo. Alguien nos dijo que era mejor no salir del último pueblo. No hicimos caso y prendimos motores en medio del peligro.

Hubo atracción que penetró nuestros huesos. Melodía y ritmo llegó con el reloj. No sabíamos la hora. Al llegar de nuevo al pueblo, la puerta se abrió sin contemplaciones ni quejidos. Cinco años pasaron y te llamé en una madrugada. No quisiteis hablar de nada y menos del pasado. Recuerdo la frase exacta. Hay negocios que es mejor no recordarlos y estos son otros tiempos.

Intenté volver a verte y no quisisteis. Hay un testigo y ese es mi ruego. Aquella noche sorpresiva de nuevo te vi en el aeropuerto. En soledad alguien llevaba tu maleta. Esta vez fui yo. No quise saludarte. Baje la cabeza con disimulo. Había una brisa fuerte sobre nuestras distancias y algo raro disparó una lágrima.

Hoy ha vuelto a salir la luna. Hay un sol que pelea con las sombras. Hay combate en mi cuerpo y nuevas sensaciones llegan de repente. Quiero volver a verte aún entre las escondidas. Puedo disfrazarme de nuevo. No tenemos necesidad de mentir al tiempo. Todo ha pasado y nada regresará con el mismo encanto.

Miré tu fotografía y nuestras andanzas. Fuimos correcaminos. De pueblo en pueblo llevamos talento. Te enseíé la vida y te abrí espacios cósmicos con nuevos universos. Nunca una carta de agradecimiento. Jamás un verso con besos.

Hoy es muy tarde. No mas sonrisas. También he aprendido a gozar con los desprecios. Alguien compuso una canción tan perfecta que parece una lectura a nuestra aventura. Ya no hay danza. Está tu nombre grabado en la distancia y tu risa recrea las mañanas. Cada sábado hay campanas sonoras que te recuerdan. Pero cada día se escuchan lejos.